Eligiendo procesador.
Nos vamos a fijar en cuatro características principales: El IPC (Instrucciones por ciclo de reloj), el número de núcleos, la memoria caché y la frecuencia de trabajo.
El IPC determina la cantidad de instrucciones que es capaz de ejecutar el procesador por cada ciclo de reloj. Obviamente a mayor IPC, mayor rendimiento del procesador. Esta característica incide directamente en los FPS (frames por segundo) de un juego. A más FPS tendremos una experiencia más fluida.
El número de núcleos ideal para un PC Gamer es de 4. Si subimos el número de núcleos, por ejemplo, a 8, la cifra de aplicaciones capaces de aprovecharlos se reduce de forma drástica. Por economía, con un i5, a la vista, tendríamos el mismo resultado que con un i7. El i5 es una CPU con un IPC muy alto que te va a servir hoy y mañana.